Revista Científica Multidisciplinaria HEXACIENCIAS. Vol. 6, Núm. 12. (jul - dic 2026) ISSN: 3028-8657
Evaluación psicopedagógica como predictor del éxito académico y la permanencia estudiantil.
pruebas estandarizadas, sino de generar un juicio técnico que permita identificar,
más allá del síntoma, las barreras y facilitadores del aprendizaje, integrando la
visión de Pérez et al. (2023) sobre la importancia de estas acciones para la
configuración del proyecto de vida del universitario. La evaluación se convierte,
por tanto, en un puente entre el potencial humano y la oferta educativa, donde el
profesional psicopedagogo debe actuar con la sensibilidad necesaria para
recoger datos cualitativos que, frecuentemente, son los que determinan el
verdadero éxito académico.
2.2. Predictores del éxito académico
Al explorar los predictores del éxito académico, los hallazgos recientes subrayan
la complejidad multifactorial del fenómeno. Un estudio reciente en carreras de
salud (2024) demostró que las competencias básicas y las variables
actitudinales, identificadas a menudo mediante evaluaciones psicopedagógicas
tempranas, poseen una correlación directa con el rendimiento sostenido en
pregrado. Esta idea es respaldada por Alcívar y Torres (2024), quienes
argumentan que el diagnóstico preciso de las competencias básicas no es un fin
en sí mismo, sino un insumo indispensable para la toma de decisiones
estratégicas que aseguren un desempeño sobresaliente. La capacidad del
estudiante para gestionar sus propias estrategias de estudio, su resiliencia frente
a la carga académica y su adaptabilidad a las demandas institucionales son
componentes que la evaluación debe medir de forma recurrente.
Es necesario entender que el éxito académico, visto desde la psicopedagogía,
es el resultado de una sinergia entre las habilidades cognitivas del sujeto y el
apoyo institucional recibido. No basta con evaluar el coeficiente o las destrezas
de lectura y escritura; es imperativo analizar cómo el estudiante organiza su
tiempo, cómo maneja el estrés ante tareas complejas y qué tan eficiente resulta
su toma de decisiones académicas. Al integrar estos elementos, las instituciones
logran construir modelos predictivos que permiten anticipar quiénes podrían
enfrentar dificultades, permitiendo así una intervención proactiva en lugar de una
reacción tardía ante el fracaso o la reprobación. El éxito, bajo esta lente, se
redefine como una trayectoria exitosa de adaptación y aprendizaje continuo.
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