Revista Científica Multidisciplinaria HEXACIENCIAS. Vol. 6, Núm. 11. (ene - jun 2026) ISSN: 3028-8657
La corrupción privada y sus implicaciones penales: un análisis de los delitos en el contexto global y
local.
de las conductas y las sanciones, a ello se suma el principio de culpabilidad, que
impide la responsabilidad objetiva y exige dolo o culpa como base de imputación,
y el de proporcionalidad, que obliga a que la pena sea adecuada a la gravedad
del hecho.
En segundo término, los bienes jurídicos protegidos en los delitos de corrupción
privada son de naturaleza económica y social. La libre competencia se ve
afectada cuando prácticas como el soborno entre particulares distorsionan el
acceso equitativo a los mercados; la transparencia empresarial se vulnera
mediante fraudes contables o la manipulación de información financiera, lo que
compromete la confianza de inversionistas y consumidores. En definitiva, la
confianza pública se erosiona cuando la ciudadanía percibe que las empresas
operan bajo esquemas de impunidad, por ello Páez & Berenguer (2022) alegan,
que la corrupción privada atenta contra la lealtad en los negocios y la seguridad
del tráfico mercantil, lo que justifica la intervención penal.
Por otra parte, la responsabilidad penal en este ámbito recae tanto en personas
naturales como jurídicas, en el caso de las personas naturales, se sanciona a
directivos, empleados o intermediarios que ejecutan actos corruptos. En cuanto
a las personas jurídicas, la tendencia comparada ha sido reconocer su
responsabilidad penal directa, especialmente en delitos económicos y de
corrupción. En Ecuador, el Código Orgánico Integral Penal contempla la
responsabilidad de las personas jurídicas en ciertos delitos, lo que representa un
avance hacia la alineación con estándares internacionales (Asamblea Nacional
del Ecuador, 2014); este reconocimiento implica que las empresas deben
implementar programas de cumplimiento y mecanismos de control interno para
prevenir riesgos penales.
En síntesis, los fundamentos penales aplicables a la corrupción privada se
articulan en torno a principios garantistas, bienes jurídicos de relevancia
económica y social, y la ampliación de la responsabilidad penal hacia las
personas jurídicas. La doctrina contemporánea coincide en que el derecho penal
debe intervenir de manera racional y proporcional, evitando excesos punitivos,
pero garantizando la protección de la libre competencia, la transparencia y la
confianza pública. Como advierte Silva Sánchez (2019), el derecho penal
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